Editado por Eduardo de Lácara
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..........................................Jorge Martín.............................................



Cine y educación:
Herramienta totalitaria vs. propiciador de una sociedad libre


Hace ya muchos años que los educadores han empleado el cine como recurso didáctico, especialmente en el ámbito de las Ciencias Sociales. Personalmente, considero que las películas que pueden emplearse en materias relacionadas con las Ciencias Sociales adolecen  generalmente de una fuerte carga subjetiva, graves e interesadas distorsiones, y burdos y gruesos errores – tal y como ocurre en las llamadas películas históricas -, pero el hecho cierto es que, aunque sólo sea como herramienta para motivar al alumno, para acercarle a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y de responder a las exigencias de las corrientes pedagógicas dominantes, es aconsejable que el educador  las utilice como recurso didáctico en el aula.

El amplio catálogo de películas que un docente puede emplear en el aula, asegura la utilización de este recurso… Siempre, claro está, que sea un docente de tendencias progresistas y de izquierdas. Si atendemos a las películas de temática histórica, el docente tendrá a su disposición multitud de películas que atacan las ideas religiosas, a los políticos conservadores, los países occidentales y la civilización occidental, etc. Dado que las leyes educativas inciden en el trabajo, no sólo de conceptos y procedimientos, sino en actitudes, la educación en valores y, ahora, en la Educación para la Ciudadanía – como forzosa y férreamente dirigida educación en valores progresistas -, la utilización de estas películas en el aula supone para los profesores de izquierdas un magnífico medio para formar a sus alumnos en los valores, la mentalidad y las concepciones progresistas, al transmitir estas de una manera subliminal o directa, pero en todo caso, motivadora, impactante y, podríamos decir, indolente, lo que supone una más profunda interiorización de las mismas. Es así como resulta casi imposible desarraigar mitos o neutralizar fanatismos.

La única manera de desarraigar los mitos colectivos y neutralizar radicales fanatismos, es mediante el contraste, la libre competencia, el pluralismo y la libre elección; de ahí que resulte necesario mostrar al alumno otras realidades y visiones a fin de que, con el contraste y el contrapeso, vaya configurando un esquema más complejo de la realidad histórica y social. ¿Es sano que a un adolescente sólo se le ofrezca ver películas como ‘La pelota vasca’ o ‘Las trece rosas’? ¿No estaremos generando un extremista incapaz de comprender que, frente a esa visión de un hecho o un proceso histórico, existen otros, por ejemplo, el de las víctimas – no manipuladas - del terrorismo o el de las víctimas de la represión republicana?. Del contraste, la libre competencia y una auténtica libertad de elección surge el equilibrio y la madurez individual y cívica.

Se podría alegar que, hay libertad para hacer películas con enfoques distintos a los dominantes, y que si no se hacen no es culpa de los docentes que se limitan a utilizar de aquello de lo que disponen. Sin embargo, sí existen películas que dan un enfoque distinto a diversos acontecimientos históricos y sociales, desde la América pre-colombina a la sociedad en los países comunistas, pasando por la Revolución Francesa. Así, títulos como el ‘Hombre de mármol’, ‘El Hombre de hierro’, ‘Danton’, ‘Katyn’, ‘Apocalypto’, ‘La condesa Alejandra’, ‘La Kermesse heroica’ o ‘La vida prometida’, pueden resultar magníficos recursos docentes para tratar momentos históricos muy diversos.

El problema al que se enfrentan los docentes es que existe una especie de boicot no declarado a cierto tipo de películas. Así, por ejemplo, en las grandes superficies, podemos encontrar las películas del director polaco Andrej Wajda, pero sólo aquellas que muestran la brutalidad nazi, mientras que resulta imposible conseguir aquellas que muestran la brutalidad y la represión ejercida por otro totalitarismo no menos terrible, como es el comunista y que tan bien reflejan películas como ‘ElHombre de mármol’, ‘El Hombre de hierro’ o ‘ ‘Katyn’. Por su parte, resulta inaudito que podamos acceder con mayor facilidad al cine producido por la dictadura cubana o al cine iraní, que al cine producido en un país de la Unión Europea y que trata de un tema tan fundamental como es la denuncia del totalitarismo, sea rojo o pardo.

Así, aunque muchos docentes pretendan trabajar con un, no sólo amplio, sino variado y diverso catálogo de recursos didácticos a través del cual estimular el contraste y el pluralismo como fundamento de una sociedad auténticamente democrática y libre, y como antídoto para los fanatismos y las tendencias totalitarias, es a las productoras, empresas relacionadas con el cine y las grandes y pequeñas distribuidoras a las que corresponde facilitar el acceso a este tipo de recursos.

De otra manera, de no contribuir a un auténtico pluralismo cultural y educativo, no estarán sino contribuyendo al crecimiento del virus totalitario que otros,  desde las aulas o cualquier otro ámbito, inoculan.



Pedagogía progresista y formación de las nuevas generaciones

Soy Diplomado en Magisterio, Licenciado en Historia y actualmente estoy matriculado en el Curso de Aptitud Pedagógica (CAP) de la UCM. Durante mis años de formación en universidades públicas y en áreas relacionadas con la Educación y las Ciencias Sociales, he podido constatar que la pedagogía progresista pone el acento no tanto en la formación técnica y profesional o en los conocimientos y las destrezas, como en la educación ideológica y la interiorización de valores y concepciones groseramente cargadas de subjetivismo, sectarismo y dogmatismo.

Un claro ejemplo de ello nos lo dan los seminarios y manuales del CAP de la Universidad Complutense de Madrid, en los que se manifiesta la ideología progre de una manera tan descarada como burda: Por ejemplo, el paradigma educativo tecnológico, ligado al llamado neoliberalismo y a la globalización, se caracterizaría por incidir en valores como la ‘competitividad’ (en el sentido de competición), el ‘individualismo’, la obtención del ‘máximo beneficio’ o la ‘jerarquía’ en lo que no es sino una caricatura grotesca y reduccionista del liberalismo (véase el manual El proceso de enseñanza y aprendizaje, coordinado por Primitivo Sánchez Delgado). Y es que, en este enfoque conservador y técnico-academicista, la función básica del profesorado sería la de “formar una ciudadanía más competitiva que competente, más individualista que autónoma y más sumisa que creativa”, frente al enfoque progresista que pone el acento en la “cultura crítica y cuestionada”, la “igualdad” e incluso, la “Utopía” (véase el manual Educación y sistema educativo, coordinado por Antonio Monclús Estella).

Resultaría profundamente útil e interesante, plantear un proyecto de investigación, análisis y crítica de estos manuales y de algunos de los planteamientos y concepciones didácticas, pedagógicas, psicológicas, epistemológicas, etc. que recogen, a fin de elaborar materiales alternativos, puesto que no podemos ignorar que el CAP es exigido a todos los licenciados que quieran presentarse a una oposición, y que también es exigido por cada más colegios privados y concertados, lo que implica que decenas de futuros profesores están interiorizando, de manera entusiasta o inconsciente, las concepciones de una pedagogía progresista, populista y neo-totalitaria.

No es de extrañar que, en un conocido programa de una no menos conocida emisora de radio, un tertuliano se preguntara, en relación a la implementación acrítica y sin resistencia de Educación para la Ciudadanía, “¿dónde están los profesores?”... Sin embargo, yo les preguntaría más bien: ‘¿Dónde están las oportunidades?’.

¿Dónde están las oportunidades para todos aquellos jóvenes universitarios y licenciados que pretenden responder de manera seria a dichos planteamientos y proyectos mediante tareas de investigación y análisis?

¿Dónde están las oportunidades para todos aquellos jóvenes universitarios y licenciados que pretenden elaborar materiales alternativos frente a la avalancha de recursos y materiales elaborados para el profesorado desde el enfoque progresista?

¿Dónde están las oportunidades para todos aquellos jóvenes universitarios y licenciados que pretenden contribuir con su práctica docente a plantear alternativas didácticas y pedagógicas eficaces?

Pues la mayor parte de esos jóvenes universitarios y licenciados acaban en subempleos que apenas permiten desarrollar ninguna tarea de investigación ni práctica profesional acorde con su formación e inquietudes, mientras ven cómo sus compañeros de izquierda obtienen esas oportunidades y se promocionan, no tanto en base a su formación o sus méritos, por cuanto a su “militancia” y “compromiso”, al amparo de  asociaciones, fundaciones y organismos públicos y privados en los que pueden formarse y desarrollar, elaborar e implementar de manera práctica la pedagogía progresista, en una evidencia más de que la llamada “eclosión liberal” no ha llegado a la Educación, dado que ni siquiera hay espacios para la reflexión, la investigación o la formación.

¿Dónde están los profesores? ¿dónde la pedagogía liberal?... Más bien habría que preguntarse dónde están las oportunidades para esos profesores y para desarrollar una pedagogía alternativa, diferenciada, elaborada, sólida y coherente a partir de la cual se puedan generar grupos y redes de trabajo y aplicación capaces de evitar la progresiva e indolente asimilación y mimetización acrítica de la pedagogía progresista.

De profundizarse este proceso, dentro de poco tendremos una sociedad abonada para plantar la semilla de la estatalización, el colectivismo, el igualitarismo forzoso e injusto, - que no la igualdad -, el pensamiento único y el totalitarismo.


Jorge Martín
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